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Feature

Cortex: deja de ser el índice de tus propias conversaciones

Un modo nuevo de PocketCode en el que hablas con un coordinador en vez de con un asistente: reparte tu trabajo entre conversaciones especializadas que viven semanas y te devuelve decisiones agrupadas en lugar de interrupciones sueltas.

16 min
Por Pelayo Naredo
Cortex: deja de ser el índice de tus propias conversaciones

Quien usa un asistente de IA para programar durante unas semanas acaba con la misma enfermedad: una pila de conversaciones y una sola persona que sabe qué hay en cada una — tú.

En el chat del martes está todo el contexto de la pantalla de ajustes. La migración de la base de datos la discutiste en otro. El de los tests se te quedó a medias. Cada tarea nueva empieza por una decisión que no aporta nada: ¿a qué conversación entro? Si te equivocas, pagas otra vez el contexto — literalmente, porque cada explicación repetida son tokens que salen de tu bolsillo.

El trabajo de archivero lo estabas haciendo tú. Cortex es ese trabajo hecho por la app.

El resumen de una frase

Cortex es un modo nuevo del chat de IA de PocketCode en el que dejas de hablar con un asistente y pasas a hablar con un coordinador: tú le sueltas trabajo, y él lo reparte entre varias conversaciones especializadas que trabajan a la vez, sin pisarse, y que te devuelven decisiones agrupadas en vez de interrupciones sueltas.

La idea de fondo: un agente es una conversación

Esta es la parte que conviene leer dos veces.

En la mayoría de sistemas "multi-agente", un agente es una llamada de un solo disparo: nace con una instrucción, hace su cosa y muere. No recuerda nada. Al día siguiente vuelves a explicarle el proyecto.

En Cortex, cada agente es una sesión de chat completa y viva: su propio historial, su propia memoria, sus propias herramientas, su propio modelo y su propio proveedor. Exactamente lo mismo que una conversación normal de la app. La única diferencia es de quién recibe los encargos: no recibe mensajes tuyos, recibe tareas del coordinador, y le contesta a él.

La consecuencia práctica es la que vende el modo: el agente que lleva tu interfaz gráfica lleva semanas llevándola. Sabe cómo llamas a las cosas, qué decidiste en julio y por qué descartaste la otra opción. No hay que ponerle al día.

Y puedes entrar en cualquiera de esas sesiones cuando quieras: es una conversación de verdad, se lee entera, y ahí sí puedes escribirle directamente. No es una caja negra.

Dónde encaja: no sustituye a nada

PocketCode ya tenía dos cosas parecidas, y las tres conviven:

Unidad de trabajoCuánto vivePara qué sirve
AI Officeun proyecto enterouna sesión, y terminagenerar un proyecto de cero, de un tirón
Swarmcodeun turno de un chatmuere con el turnouna tarea pesada resuelta por muchos ojos anónimos
Cortexuna conversación con contextodías, semanastu trabajo en curso, repartido por temas

Cortex cubre el hueco del trabajo continuado, que es donde se pasa la mayor parte del tiempo real.

Cómo funciona

Se enciende con un interruptor, y cambia la interfaz entera

No es una opción más del selector de modos del chat. Es cambiar de marcha: la pantalla del chat se sustituye por la de Cortex. Se sale con un toque, y al salir vuelves exactamente a la conversación que estabas mirando.

La primera vez hay una pantalla de bienvenida, una sola, donde eliges el nivel de autonomía. No tres adjetivos: cada opción viene con un ejemplo concreto de qué decidiría Cortex por su cuenta.

Le sueltas trabajo en lenguaje normal

La caja de texto siempre habla con el coordinador. Eso es una garantía, no un detalle: nunca le escribes a un agente por accidente. Frases como «esto es para el de interfaz», «no toques el modo oscuro» o «déjalo, eso lo hago yo» son mensajes normales que el coordinador interpreta y reparte.

Reparte, y te enseña el reparto

Antes de gastar un céntimo, el coordinador parte el encargo, decide qué trozo es de quién, evita que dos agentes escriban el mismo fichero a la vez y ordena lo que depende de otra cosa. Y lo cuenta en una línea legible:

«Lo parto en dos: la pantalla la lleva el de interfaz, el endpoint lo lleva el de backend. No se pisan.»

Con un enlace para ver el plan completo si te interesa.

El detalle que da confianza: el emparejamiento entre tarea y agente se resuelve primero con lógica local, en el teléfono, sin llamar a ningún modelo. Cuando se resuelve así, la app lo dice explícitamente: 0 tokens. Que el coordinador piense no puede costarte dinero por defecto.

Si no hay agente para eso, te lo pregunta antes de trabajar

«Para esto tengo el agente de maquetación, pero no hace refactors. ¿Creo uno de refactors de interfaz con estas herramientas y este modelo, o tiro con el de maquetación?»

Con dos amortiguadores para que la pregunta no te cueste tiempo: la opción recomendada viene ya marcada —un toque y sigue— y la ficha del agente propuesto es desplegable, no un formulario. Nombre, modelo, herramientas y alcance a la vista; solo la tocas si quieres cambiar algo. Y hay un creador de agentes completo para quien quiera hacerlo a mano, con un botón + siempre visible.

Lo que ves al volver 20 minutos después

Esta es, por diseño, la pantalla que decide si el modo gusta o no. No la del trabajo en marcha: la de la vuelta, en el autobús. Tres cosas, en este orden:

  1. Una cabecera: «2 cosas te esperan» — ordenadas por cuánto trabajo desbloquea cada una, no por antigüedad.
  2. Un resumen compactado: «Refactor de interfaz · 4 ficheros · 2 decisiones las tomé yo · 1 subtarea para backend». Cada trozo se despliega.
  3. El feed completo debajo, para quien quiera leerlo todo.

Si habías salido de la app, llega además una notificación con ese mismo texto.

La tira de agentes

Debajo de la barra hay una tira horizontal con una tarjeta por sesión viva. Tocar entra en su conversación. Tres bandas de color y nada más:

ColorSignifica
Limava solo, no hagas nada
Ámbarte espera a ti
Gris / rojodormido / se rompió

Un detalle de diseño que explica bien la filosofía: en cola se etiqueta como en cola y no lleva ruedecita girando — pero va en verde lima, porque no te está esperando a ti, y esa es la única pregunta que el color contesta.

Regla dura autoimpuesta: cero acciones obligatorias en la tira. Todo se puede hacer desde la conversación con el coordinador. En el momento en que haya algo que solo se pueda hacer entrando en un agente, el modo se convierte en administrar una plantilla — que es justamente el trabajo que venía a quitarte.

Las preguntas llegan agrupadas, no goteando

Una pregunta de un agente no sale disparada. Se retiene hasta lo primero de estas tres cosas: que el agente se quede sin nada más que hacer, que pasen unos 45 segundos sin que lleguen más preguntas, o que el agente produzca su resultado — para que la pregunta y lo que hay que mirar para contestarla lleguen juntos.

Excepción sensata: si el agente está bloqueado y tú estás mirando la pantalla, pregunta ya. Hacerte esperar 45 segundos con el móvil en la mano para "agrupar" sería la caricatura de la idea.

El formato del bloque: el resultado arriba, las preguntas debajo, cada una con su opción recomendada ya marcada y un «decide tú» siempre disponible. Contestar el bloque entero es un solo botón.

Las decisiones que toma solo son visibles y reversibles

Ninguna decisión automática es silenciosa. Se ve, se explica y se deshace:

«Lo decidí yo: mantener el sistema de diseño actual. Porque elegiste lo mismo el 3 y el 7 de agosto.» · No, pregúntame → revierte, borra el precedente y vuelve a preguntar en el sitio.

Hay dos niveles de autonomía, no tres, y con nombres que dicen algo: Manual e Inteligente. Manual pregunta siempre. Inteligente reutiliza lo que ya decidiste ante la misma pregunta. El nivel se cambia desde dentro del modo, mientras miras lo que Cortex acaba de decidir, no tres pantallas más allá.

Un apunte de honestidad sobre cómo trabajamos: había un tercer nivel y se quitó antes de salir porque, al revisarlo, hacía exactamente lo mismo que el segundo. Un ajuste que no cambia nada es peor que no tenerlo — sobre todo en la pantalla donde se le está diciendo al usuario que esto cuesta dinero.

Cuando algo se rompe

Un agente que falla no puede quedarse diciendo «estoy en ello». Su tarjeta dice qué se intentó, con qué falló —el mensaje real, no una categoría genérica—, cuánto llevas gastado, y ofrece tres salidas: reintentar, dárselo a otro o lo hago yo (esta última abre el chat normal con todo el contexto ya cargado).

Lo mismo con el presupuesto: si la misión no va a llegar, se dice antes de gastarlo todo.

El cierre lo propone él y lo confirmas tú

Al terminar: qué se hizo en dos líneas, qué tocó cada agente, y un aviso ámbar sobre lo que se tocó fuera de lo que dijo que iba a tocar. Aceptas o descartas por agente: «quédate lo del de interfaz, tira lo del de tests», sin revisar diferencias a mano.

Salir no cancela nada

Los agentes siguen. Matar trabajo que ya has pagado sin avisar se consideró inaceptable desde el primer día. La tira sigue visible en pequeño dentro del chat normal, con un toque para volver. Y hay un botón rojo de parada total siempre a la vista, además de poder parar agentes uno a uno.

Y puedes ascender un chat que ya tienes

En el menú de cualquier conversación existente: «Convertir en agente». Conserva su historial y su contexto, se le pone nombre, herramientas y alcance —con valores deducidos de lo que ya hay dentro— y pasa a recibir tareas del coordinador.

Es la puerta de entrada barata al modo: el primer día ya tienes agentes con contexto que te costó dinero acumular, en vez de un catálogo vacío mirándote.

Lo que hay debajo, sin tecnicismos

Cada agente trabaja en su propio espacio aislado. No comparten estado. Esto no era un capricho de arquitectura: al implementarlo se descubrió y se arregló un fallo real que ya estaba en producción con un solo chat — la terminal rechazaba comandos salvo que otro modo hubiera arrancado antes.

Nunca dos agentes escribiendo el mismo fichero a la vez. El reparto serializa por alcance de ficheros. Y decimos igual de claro dónde acaba esa protección: cubre a los agentes de la misión, no impide que tú edites ese fichero a mano al mismo tiempo. Ninguna coordinación puede evitar eso sola, y prometerlo sería mentir.

El plan que produce el modelo se valida antes de ejecutar nada. Un modelo escribe dependencias circulares o inventadas sin despeinarse; descubrirlo a mitad de ejecución es descubrirlo con el dinero ya gastado. Si algo del plan es imposible, el modo lo dice y sigue con el resto en vez de colgarse.

Cinco herramientas de comunicación entre agentes. Un agente puede consultar quién más está trabajando y en qué; qué acaba de terminar en la misión y cómo; qué ha decidido ya el usuario, para no repreguntar lo mismo; escalar algo que se sale de su alcance; y entregar de forma estructurada lo que el siguiente necesita saber.

Y dos que se decidió deliberadamente no construir — probablemente el detalle más interesante de todo esto:

  1. Un agente no puede encargarle trabajo a otro por su nombre. Sería un agujero de permisos y una fábrica de bucles a la vez: si el agente de documentación —solo lectura— puede encargarle trabajo al de backend, entonces tiene de facto los permisos del de backend, y los límites por agente son decoración. Además, dos agentes que se hablan entre ellos pueden turnarse hasta agotar el presupuesto sin que nadie lo vea. En su lugar, un agente describe la necesidad y el coordinador decide el destinatario: un único punto de control y de auditoría.
  2. Un agente no puede leer la conversación entera de otro. Es caro y es una superficie de ataque: una transcripción lleva dentro ficheros del proyecto, y un fichero del proyecto puede traer texto escrito para manipular al modelo. Se dan resúmenes de una línea, y lo que llega de otro agente va marcado como dato, no como instrucción.

Todo pasa por la misma puerta de permisos que el resto de la app. La comunicación entre sesiones se implementó como herramientas precisamente para eso: para no crear un canal paralelo que se saltara los controles.

El dinero, a la vista

PocketCode funciona con tu propia clave de proveedor de IA — BYOK. Cada token lo pagas tú. Un modo que mete un coordinador entre tú y el trabajo tiene la obligación de enseñar lo que cuesta esa indirección:

  • La barra lleva el gasto de la misión.
  • Cada sesión lleva el suyo.
  • El gasto propio del coordinador va aparte y etiquetado, para que se pueda juzgar si la indirección se paga sola.
  • Las estimaciones se marcan con «~». Nunca se inventa una cifra en euros.
  • Cuando el emparejamiento se resolvió en el teléfono sin llamar a ningún modelo, se muestra 0 tokens.

También hay un límite de 2 frentes de trabajo a la vez por defecto, ajustable. Es un límite de tu atención, no técnico: y no se abre ninguno nuevo mientras haya decisiones sin contestar, para que la pila no crezca más rápido de lo que la vacías.

La vara de medir que nos pusimos

Está escrito en el documento de diseño antes de la primera línea de interfaz:

Cortex es una indirección: entre tú y el trabajo hay alguien más. Solo se paga sola si te quita trabajo. La métrica no es cuántos agentes se ven, es cuántas veces te interrumpe la app para terminar la misma tarea, y cuánto cuesta cada interrupción.

Y la condición: si en tres tareas reales no bajan las interrupciones frente al modo normal, el modo no sale.

Las cinco reglas de la interfaz:

  1. Nunca preguntar dos veces lo que cabe en una pregunta.
  2. Nunca preguntar antes de tener algo que enseñar — la pregunta viaja con el resultado.
  3. Toda pregunta llega con una respuesta ya marcada: un toque = seguir.
  4. Nada se para por falta de respuesta si hay otro camino: el agente aparca esa rama y sigue por otra.
  5. Ninguna decisión automática es silenciosa: se ve, se explica y se revierte.

Y los anti-objetivos — lo que decidimos no hacer:

  • Nada de nombres y caras para los agentes. Se identifican por lo que hacen. Ponerles personalidad es pedirle al usuario que se encariñe con una plantilla.
  • Nada de organigrama. No se contrata, no se despide, no se asciende.
  • La sesión de cada agente no es donde se trabaja. Existe para leer y depurar. Si acabas viviendo ahí, el modo ha fracasado.
  • Nada de tablero Kanban. Ya lo tiene el AI Office.
  • Cero animaciones infinitas. Precedente propio: un panel anterior de la app llegó a consumir en torno al 92 % de CPU en reposo por exactamente eso.
  • Cero flechas de volver atrás. La app navega por gestos; es política del proyecto.

Detalles pequeños que dicen mucho

  • Marca propia. Cortex tenía al principio el mismo icono que Swarmcode. Se le dibujó uno propio: dos modos distintos con el mismo símbolo son un modo con dos nombres.
  • Su propio modelo. Cada agente elegía su modelo; el único que no elegía era el coordinador. Ahora sí: su trabajo no se parece al de un agente —no escribe código, lee un encargo y decide quién hace qué—, así que admite un modelo más barato… o el mejor, si lo prefieres. Por defecto hereda el del chat, así que quien no toque nada no nota que existe.
  • Su propia conversación, una por proyecto. No una por misión: lo que acumula es el índice de tu trabajo, y ese índice no se acaba cuando se acaba una misión.
  • Interfaz en cinco idiomas desde el día uno: unas 250 cadenas nuevas de texto.
  • Todo esto en un teléfono. No hay servidor detrás coordinando: el reparto, la memoria de decisiones y el aislamiento entre agentes corren en el dispositivo.

En qué punto está, con honestidad

Construido, compilado, más de mil pruebas automáticas en verde en diez módulos — ejecutadas con las cachés desactivadas y los resultados anteriores borrados, porque un sistema de compilación que reutiliza resultados viejos te dice «todo bien» sin haber ejecutado nada. La migración de la base de datos y el borrado en cascada se verificaron en un teléfono real con pruebas instrumentadas, no deduciéndolo del código. Y el modo pasó por una revisión de huecos deliberadamente adversaria antes de darse por bueno.

Lo que no vamos a afirmar: todavía no está probado en uso diario real. Esta es la primera versión de un modo que llevamos meses diseñando, no la forma en que ya trabajamos. Y aquí no hay fecha de publicación a propósito: como con la alfa, preferimos entregar a prometer.

Dos cosas que conviene decir claras:

  • Cortex es una función de pago, con una prueba de 3 misiones completas. Se consumen al terminar: una misión que falla a mitad no te cuesta una prueba.
  • Requiere tener configurado un proveedor de IA con tu propia clave. Sin clave, no hay modo. Es coherente con todo el chat de la app, pero hay que decirlo.

La pregunta interesante en un sistema multi-agente no es cuántos agentes puedes lanzar. Es quién lleva el índice — y si lo que has metido en medio se está ganando el sueldo.

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